La Dra. Mayarí Castillo, académica del Centro de Investigación en Economía y Políticas Sociales, dictó una charla basada en los resultados de una investigación en territorios sometidos a altos niveles de degradación. El evento forma parte del ciclo "Cátedras del Futuro" organizado por U. Mayor.

“¡Qué paren las industrias!”, gritaban a coro unas cien personas mientras mantenían tomada la ruta costera que atraviesa el parque industrial de Quintero, en la Región de Valparaíso. Un lugar que en los últimos tres meses se ha convirtió en el rostro de la denominada “Zona de Sacrificio” que, junto a Puchucaví, mantiene un saldo de más de 900 personas intoxicadas por las actividades productivas que impactan en la calidad del aire, suelo y agua.

Esta y otras experiencias son las que durante 5 años estudió la Dra. Mayarí Castillo, académica del Centro de Investigación en Economía y Políticas Sociales de la Universidad Mayor, bajo el concepto de “desigualdades socioecológicas”, una perspectiva que fue presentada dentro de los simposios de la “Cátedra del Futuro”, espacio de charlas coorganizado por la Universidad Mayor y el Congreso del Futuro.

De esta manera, la presentación de la Dra. Castillo estuvo basada en los resultados de la investigación que realizó en 5 casos de territorios sometidos a altos niveles de degradación ambiental, espacios en los que también se indagaron los procesos por los cuales se forma esta desigualdad y cómo los sujetos construyen una crítica al respecto.

“Las sociedades desiguales son entramados que infringen sufrimiento sobre las poblaciones más desfavorecidas. En este sentido, lo que hicimos fue trabajar la asimetría desde una perspectiva ligada a los problemas ambientales”, explicó la académica, para quien esta perspectiva en Chile tiene la particularidad de que "ser pobre no es solamente tener menos dinero para comprar comida, sino que también es tener más enfermedades y otras problemáticas derivadas de una exposición a riesgos que no toda la población tiene”.

Durante la presentación además se mencionó algunas de las aristas de esta desigualdad que tienen que ver con cómo las comunidades experimentan su relación con otros actores que se involucran con el conflicto. Una de estas tiene que ver con los mecanismos que el Estado dispone para la mediación o resolución de las crisis.

“Esto tiene ribetes kafkianos, ya que al igual que en la novela El Proceso, el Estado dispone de fórmulas que son percibidas por la población afectada como una espera constante o de incertidumbre por no saber lo que sucede o cómo resolver el conflicto. A esto también se suman otros actores, como el aparato judicial, la prensa y también la voz del conocimiento experto”, indicó la Dra. Castillo.

Finalmente, y en este sentido, la académica señaló que los investigadores también tienen una responsabilidad con entregar una retribución al grupo que es el objeto de su estudio: “Hay una demanda directa de las comunidades sobre qué reciben a cambio por aceptar que el investigador se involucre que con ellos. Para el caso de nuestro trabajo, se recopilaron archivos y estudios que se habían realizado en la zona y fueron entregados a la comunidad. Es la forma que encontramos para hacernos cargos de la relación sujeto-objeto de estudio e investigadores”.

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